Lunes, 06.09.2010
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Testimonio

 


 

 

María* nació en la Colombia hace un poco más de 45 años, su piel quemada por el sol y marcada por dolores irreparables te demuestra que le queda mucha vida, pero el dolor se refleja indudablemente en la cara. Una docente que tuvo que salir de su tierra en busca de tranquilidad y con la esperanza de reconstruir sus sueños y su proyecto de vida.

"Yo tuve que salir de mi pueblo por la violencia fuerte de lado y lado. Pierdo a mi esposo en medio de esa violencia, sin saber por qué, sin explicaciones, sólo con una simple disculpa: nos equivocamos, no era el que buscábamos. Comienza un calvario. A él lo matan los Paramilitares".

Narra con lagrimas en los ojos, todos estos momentos que nos dice que quisiera olvidar, pero sacando una sonrisa del fondo de su alma también agrega: " Traté de seguir mi vida. Reconstruirla de la nada, porque esto es como cuando a ti se te cae un vaso. Se te quiebra, hay que recoger pedacito a pedacito, y sí, se logra algunas veces, pero es un proceso largo".

María tuvo que enviar a sus hijos a Venezuela por el miedo a que fueran reclutados para participar en el conflicto armado de manera activa, luego ella también tuvo que partir de país y aquí no se le dió la mejor de las bienvenidas. Por falta de documentos y a pesar de haber manifestado ser solicitante de refugio, su hijo de 17 años, es obligado por algunas autoridades castrenses a regresar a Colombia y allá es asesinado:

"El el ejercito lo asesinó, digo asesinó porque está comprobado que fue un falso positivo (como lo llaman en Colombia)... Lo más terrible es que esto le pasa por no tener documento". También dice que para ella la única diferencia que hay entre Colombia y Venezuela es un río.

Cuatro meses después de haber perdido a su hijo, se entera que su hermano fue asesinado por grupos guerrilleros por no colaborar con ellos.

“La culpa de la guerra no la tiene el ejército, la culpa de la guerra no la tiene la guerrilla, tampoco los paramilitares. La culpa de la guerra la tienen los tres”.

María es beneficiaria y facilitadora y talleres dictados por el Servicio Jesuita a Refugiados para apoyar el empoderamiento de mujeres en situación de refugio. Es un pequeño ejemplo de lo que viven miles de personas en Colombia. Pero lo más importante, es un ejemplo de fortaleza, temple y ganas de vivir.

Luego de la entrevista se limpia las lagrimas y nos dice “Me voy mis mujeres me están esperando –refiriéndose a las participantes de uno de los talleres de manualidades que dicta actualmente- . La vida debe continuar”.
*Por razones de seguridad utilizaremos un nombre ficticio